México ha comenzado a brillar con luz propia en el mapa global de las energías renovables. En un movimiento estratégico que podría redefinir alianzas internacionales, la Unión Europea ha puesto sus ojos en nuestro país para forjar un nuevo camino energético conjunto. A continuación, exploramos cómo y por qué esta cooperación está tomando forma.
México ha comenzado a brillar con luz propia en el mapa global de las energías renovables. En un movimiento estratégico que podría redefinir alianzas internacionales, la Unión Europea ha puesto sus ojos en nuestro país para forjar un nuevo camino energético conjunto. A continuación, exploramos cómo y por qué esta cooperación está tomando forma.
Este renovado interés ha sido tan contundente que el acuerdo comercial entre México y la UE incorporará un capítulo energético. Dicho documento está próximo a ser firmado y ratificado por ambos Parlamentos, lo que dará fuerza legal a una cooperación que prioriza la sostenibilidad.
Este acercamiento entre Europa y México no es casual. Viene precedido por un distanciamiento con Estados Unidos, provocado principalmente por el retorno de Donald Trump al poder y su insistente defensa de los combustibles fósiles.
Durante el mandato de Joe Biden, Estados Unidos alcanzó logros notables: 135 nuevos proyectos solares y eólicos, y un aumento del 47% en la capacidad de almacenamiento de energía. Sin embargo, Trump ha declarado abiertamente su intención de revertir esa tendencia, priorizando el petróleo y el gas sobre cualquier avance en energías limpias.
Este retroceso ha generado preocupación entre los países europeos, que consideran la sostenibilidad una prioridad innegociable. Ante este panorama, México emerge como una opción más confiable para avanzar en el desarrollo de proyectos energéticos renovables de largo plazo.



